COVID-19: Los bebés nacidos de vientres de alquiler varados en hotel

Mayo 16, 2020

Las imágenes de decenas de bebés en una pequeña sala en Kiev, la capital de Ucrania, causa conmoción en el país.

No están en un orfanato ni en la sala de recién nacidos de un hospital, sino en el cuarto de un hotel.

Dados a luz por madres que gestan a las criaturas para terceros en el Centro de Reproducción Humana BioTexCom de la capital ucraniana, todos estos bebés tienen a sus padres en otros países y continentes.

Pero las estrictas medidas de confinamiento impuestas en gran parte del mundo han dejado a muchos infantes en Ucrania sin el cuidado parental que tendrían si la crisis sanitaria nunca hubiera pasado.

“Llegamos a esta situación porque nuestras fronteras están cerradas y el ministro (ucraniano) de Relaciones Exteriores decidió no permitirle la entrada a extranjeros a Ucrania, ni siquiera a los que tienen un bebé nacido aquí”, le dice a la BBC Denis Herman, abogado del centro clínico.

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El epicentro del drama es el hotel Venice de la capital ucraniana, donde se encuentran varados, sin padres biológicos, 35 recién nacidos de un total de 100 repartidos en diferentes partes de Ucrania, explica desde Kiev Zhanna Bezpiatchuk, periodista del servicio ucraniano de la BBC.

“Por resumir, la gente en Ucrania está en shock. Es muy extraño ver a un montón de bebés amontonados en alguna parte de un hotel y no en una clínica. Muchos se preguntan, ¿por qué está pasando esto? ¿Dónde están los padres de estas criaturas?”.

“Mucha gente ve las imágenes y dice sorprendida: ‘Parece una fábrica de bebés’”, prosigue Bezpiatchuk.

Entre US$30.000 y US$45.000 por un vientre de alquiler

El negocio de los vientres de alquiler es grande en Ucrania y, a diferencia de muchos otros países, es legal.

Cientos de parejas extranjeras han escogido este rincón de Europa como lugar predilecto para gestar a sus bebés desde 2015, después de que varias naciones asiáticas comenzaran a cerrar sus centros de gestación debido a, sobre todo, denuncias de explotación.

La práctica ha sido prohibida en India, Nepal y Tailandia. Ahora muchas parejas que planean tener hijos mediante este método se han volcado en Ucrania, uno de los pocos países donde la subrogación todavía es posible por un precio mucho menor de lo que cuesta en Estados Unidos.

Alquilar un vientre en Ucrania tiene un precio promedio de entre US$30.000 y US$45.000, mientras que en EE.UU. puede superar los US$100.000.

En el Venice hay bebés chinos,italianos, españoles, británicos y de muchas otras nacionalidades. El hotel forma parte de la clínica y representantes del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos visitaron sus instalaciones y confirmaron que las condiciones sanitarias y de cuidado eran satisfactorias.

“Nadie puede reemplazar a sus padres”

Pero los profesionales de la salud que trabajan día tras día atendiendo a los bebés confiesan que la situación les entristece.

“Nos hemos dado cuenta que nadie puede remplazar a sus padres”, dice Olga Kuts, una enfermera.

En el hotel también hay 15 bebés que contaron con más suerte, pues sus padres llegaron a Ucrania antes de que el gobierno cerrara las fronteras y ahora se encuentran en familia alojados en el hotel.

Algunas parejas han logrado esquivar las restricciones de la cuarentena, pero esta ha sido una tarea larga y costosa, pues requiere que gobiernos extranjeros intervengan y le pidan permiso al Ministerio de Relaciones Exteriores de Ucrania para que sus ciudadanos puedan viajar y, luego de esto, encontrar la manera de llegar a Ucrania.

“Es un proceso muy largo lleno de burocracia”, apunta Bezpiatchuk.

Herman, abogado de la clínica BioTexCom, asegura que varios padres lo han llamado desesperados y llorando, tratando de averiguar cómo pueden evitar todas esas “complejas normas legislativas”.

En avión privado

Después de varios intentos fallidos, Maria y Andreas Tengros, una pareja sueca, lograron recibir un permiso de las autoridades ucranianas e ingresar al país gracias a que, luego de aparecer en un programa de televisión nacional en el que presentaron su caso, un donante anónimo se ofreció a pagarles un avión privado.

El vuelo fue pospuesto en varias oportunidades y la familia ya había perdido toda esperanza cuando el gobierno ucraniano finalmente autorizó el viaje.

“Es horrible porque cuando crees que tienes una solución para llegar aquí, otra frontera se cierra”, cuenta Andreas, el padre de los gemelos Louis y Ella.

Por su parte, María relata lo frustrante que es que nadie te dé una respuesta concreta del procedimiento.

“Nadie sabe cómo llegar a ningún lado. Pero sentarse aquí y tenerlos en nuestros brazos nos da una sensación de… ¡lo logramos! Es increíble”, le dice la madre a la BBC, feliz.

Maria y Andreas tuvieron suerte, pero no todos los padres tienen la posibilidad de permitirse un avión privado ni un donante que se lo ofrezca.

Y el problema, según advierte Zhanna Bezpiatchuk, del servicio ucraniano de la BBC, no hará más que crecer si no se encuentra una pronta solución.

“Todos días vienen al mundo bebés nacidos por subrogación en Ucrania”.

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