Manolín un niño de las calles

La delincuencia es un problema serio que debemos enfrentar con la disciplina de las consecuencias. Quién la hizo que la pague, pero para todos, sin excepción.

El abogado  Yván Ariel Gómez Rubio publicó en su Facebook la noticia de que habían apresado a Manolín, por la violación de un niño de 7 años en los alrededores del Mercado Municipal.

Manolín se está criando en la calle, lo conozco y he intentado insertarlo en el programa de rehabilitación que aplico en Barahona. No lo he podido lograr por varias razones.

Su padre siempre está en las puertas de los Súper mercados y las oficinas de Claro con una Biblia como pordiosero. Cuando le menciono que se ocupe de Manolín, no responde y se hace que no oye. Debe padecer un trastorno. Nuestros legisladores deberían evacuar una ley que condene a prisión a los padres de los niños de la calle.

Los niños absorben, los deseos, las motivaciones y los valores o antivalores de su padre. Es lo que la psicología dinámica llama «Lógica Profunda», que viene a ser como los principios del individuo. Manolín pide en la calle como pide su padre. Lo imita, por decirlo de otra manera.

De las tres entidades del Yo, según Freud, el ente que domina en Manolín es el Ello, que siempre busca el placer, sin ningún tipo de restricción.

El Yo está al alcance y solo puede contener o frenar los deseos del Ello (el placer) cuando aparece algún tipo de dolor físico o mental porque es uno de los roles del Yo «evitar el dolor» Ahora está preso. Ahora le duele y no deben soltarlo, sino enviarlo a un centro de rehabilitación pero en reclusión. En un régimen de libertad es imposible su reformación.

El súper yo, que se desarrolla por las normas que se imponen en el hogar, no existe porque su hogar ha sido la calle.

Los estudios indican que cuando el niño no respeta las normas del hogar, en el futuro no respetará las normas de la sociedad (la ley). ¿Quién le ha enseñado a respetar? ¿Quién le ha enseñado a ir a la escuela? ¿Quién le ha enseñado a levantarse a tal hora? ¿Quién le ha enseñado a acostarse a tal hora? El hace lo que quiere: pedir, jugar dados con los otros niños, etc.

En una ocasión me pidió 50 pesos para comer. Cuando pasé, 3 horas después, me comentó: «Los 50 pesos que usted me dio los jugué y me gane 600 pesos» Se reforzó la conducta de jugar porque le dio placer.

Sospechamos que Manolín padece del Trastorno Disocial (uno de los tres trastornos perturbadores registrados en el DSM V). Esta afirmación que hago significa que tanto él como Petete, si la sociedad no hace lo que se debe hacer, pueden llegar, en la adultez, a desarrollar el Trastorno Antisocial de la Personalidad (Psicopatía).

Su reinserción social solo se podría conseguir internándolos en un Centro de corrección.

En un programa ambulatorio, como el que aplico en Barahona no es posible lograr su reinserción en la sociedad.

Los niños de la calle no cumplen norma alguna. Eso es lo grave en este caso.

Tengo en mi programa de rehabilitación, desde hace 5 años, dos niños de la calle que ya no son tan niños. Los dos han dejado de consumir drogas, no roban, es decir, no agraden la sociedad. Uno de ellos se casó, tiene una niña y trabaja en un almacén, pero aún es analfabeto. El otro está cursando el 3er curso de media, muy pobre y no tiene trabajo.

Los niños de la calle son los más difíciles de reeducar. Estoy detrás de otro que deambula por los alrededores de la bomba ECO, sin ningún éxito (Ese juega los dados o lo que sea, junto a Manolín)

Una Pregunta tonta: ¿Quién es responsable de esta anomia?

Queremos hacer algo, pero es muy costoso. Tengo 46 jóvenes y no se recibe ayuda de nadie para sostenerlo que no sea mi trabajo como profesional de la conducta.

Reconozco y agradezco al Club Rotario De Barahona que se ocupó de instalar este programa en la ciudad, aportando el mobiliario, alquiler de casa por un año y todo lo demás para que iniciara la aplicación del Programa. Gracias del alma.

El programa de reeducación y el operativo «Hogar Sano, Hogar Feliz» que aplicamos junto a la Pastoral Social del Obispado de Barahona, en diferentes comunidades de la Región, está a punto de colapsar a consecuencias de la pandemia que nos azota. En la ciudad de Barahona no existe cultura de visitar los psicólogos.

Fuente: Telesistema

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